Rápida para los mandados: Crexell pasó la factura por el voto a la Ley Bases y se acerca a la UNESCO


La política argentina nos tiene acostumbrados a negociaciones en las sombras, pero el caso de la senadora por Neuquén, Lucila Crexell supera cualquier expectativa.
La legisladora, que fue la única representante de su provincia en votar a favor de la polémica Ley Bases impulsada por Javier Milei, ahora cosecha los frutos de su negociación con el Gobierno Nacional: un puesto en la Unesco con un jugoso sueldo en dólares y un palacete frente al arco del triunfo en París.
¿Lucila Crexel ya obtuvo su cargo parisino en la UNESCO o votar toda esta puta basura le resultó en vano?
— Pulpo (@sonidismo) February 9, 2025
La maniobra quedó al descubierto con la publicación en el Boletín Oficial del Decreto 246/2025, en el que Milei removió de su cargo a Miguel Ángel Hildmann, quien ocupaba el puesto de delegado permanente de Argentina ante la Unesco, dejando el camino allanado para Crexell.
Lo más llamativo es la coincidencia en los tiempos: la decisión se oficializó el mismo día en que el Senado debatía los pliegos de los jueces Ariel Lijo y Manuel García Mansilla para la Corte Suprema, una votación clave en la que el oficialismo se encontraba en desventaja. ¿Cómo votará Crexell?
La sospecha de un pacto turbio entre la senadora y el Ejecutivo Nacional ya había surgido meses atrás, cuando la representante del Movimiento Popular Neuquino en el Senado, se convirtió en pieza clave para la aprobación de la Ley Bases, una medida que, según sus propias palabras antes de cambiar de postura, "causaría un gran daño a las mujeres y sectores vulnerables". Sin embargo, en un giro inexplicable, terminó respaldando la iniciativa libertaria en el Senado, lo que permitió su aprobación.
Seis días antes de esa votación crucial, se había presentado en el Congreso su designación como embajadora en la Unesco, un movimiento que no pasó desapercibido en su momento pero que ahora cobra mayor relevancia.
La noticia reavivó el escándalo y generó indignación tanto en la oposición como en la opinión pública. La ONG Ojo Paritario, que en su momento respaldó a Crexell en su disputa judicial para encabezar la lista de Juntos por el Cambio en Neuquén, fue una de las primeras en denunciar el evidente canje de favores. "Queda claro que no existe ninguna otra razón para la designación de la senadora Crexell que, lisa y llanamente, la compra de su voto", expresaron en un comunicado.
A esto se suma un episodio que no pasó desapercibido: recientemente, Crexell fue vista cenando con el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, en San Martín de los Andes. Si bien los involucrados intentaron restarle importancia, el contexto de su inminente designación en la Unesco y la votación de los jueces de la Corte Suprema pone en duda la casualidad del encuentro.
La senadora, por su parte, intentó defenderse y calificó las acusaciones como "una operación para amedrentarla". "No es cierto, esto es una negociación que viene de mucho tiempo antes. Había una posibilidad de que yo pudiera ir a un organismo internacional, lo trabajé con Patricia Bullrich, pero cuando ella perdió la elección, la posibilidad se cayó. En abril se retomó y me ofrecieron el lugar en la Unesco", argumentó en un intento de despegarse de la sospecha de haber vendido su voto. Rarísimo.
Sin embargo, sus explicaciones no convencen a nadie. Las fechas, las circunstancias y las coincidencias son demasiado evidentes como para ser ignoradas. En un país donde la política muchas veces se reduce a un juego de favores y acomodos, el caso de Crexell es un símbolo de cómo algunos legisladores están dispuestos a negociar sus principios a cambio de un cargo bien remunerado.
Mientras la senadora se prepara para su desembarco en la Unesco, el pueblo neuquino queda con un sabor amargo. No solo fue la única senadora de la provincia en respaldar la Ley Bases, sino que, según denuncian sus propios exaliados políticos, lo hizo a cambio de un beneficio personal. Una vez más, la vieja política demuestra que sus reglas siguen intactas: los votos se compran y los favores se pagan, sin importar el costo para la ciudadanía.