




En la inmensidad de la Patagonia, donde el viento esculpe la tierra y la cocina se funde con la identidad de su gente, se encuentra Moncho Vázquez, un verdadero embajador de la gastronomía neuquina.
Nacido en Chos Malal, este chef parrillero ha recorrido el mundo llevando consigo los sabores del norte neuquino y absorbiendo los secretos culinarios de otras latitudes. Hoy, a sus 50 años, está al frente de las cocinas de tres hosterías provinciales y sigue explorando nuevos caminos para la cocina regional.
Un vínculo con el fuego desde la infancia
Moncho descubrió su pasión por la cocina de niño, al calor del hogar y el fuego de los asados familiares. Criado por una familia adoptiva en Chos Malal, su madre cocinaba con esmero y su padre, el primer fotógrafo del norte neuquino, recibía en su estudio a viajeros que llegaban desde lejos. Aquellas largas jornadas se acompañaban de asados, charques y comidas tradicionales compartidas en torno a la llama viva.
De adolescente ya se inclinaba por la gastronomía. Mientras cursaba la secundaria, administró una confitería y un boliche bailable, donde su responsabilidad principal era la cocina.
Poco a poco, se fue forjando como cocinero autodidacta hasta que decidió perfeccionarse en la Escuela de Gastronomía Islas Malvinas en Mendoza. Más tarde, su sed de conocimiento lo llevó a la escuela del Gato Dumas en Buenos Aires y a la Escuela de Cocineros Patagónicos en Neuquén capital.
El viaje como aprendizaje
A lo largo de su carrera, Moncho se convirtió en un verdadero trashumante de la gastronomía. Su arte culinario lo llevó a recorrer Argentina y Sudamérica, cocinando en eventos, ferias y programas de televisión. En Bolivia, por ejemplo, enseñó técnicas de aprovechamiento integral del cordero y colaboró con un frigorífico para elaborar chacinados y hamburguesas. Además, participó en el campamento San José, donde cocinó para 170 bomberos y voluntarios que combatían incendios en la Chiquitania.
En su travesía gastronómica, también ha llegado a Grecia, contratado por un empresario que siguió su trabajo en redes sociales. En cada lugar que visita, Moncho lleva consigo los sabores del norte neuquino: el chivo, el ñaco y el mote. Además, incorpora ingredientes locales y los fusiona con su cocina, creando platos con identidad y creatividad.
Una cocina con raíces y futuro
Desde hace un tiempo, Vázquez está a cargo de las cocinas de tres hosterías provinciales en Las Ovejas, Huinganco y Varvarco. Su misión no es cambiar la gastronomía del lugar, sino fortalecerla con autenticidad y creatividad. Trabaja con productos regionales y experimenta con más de cien plantas nativas, muchas de ellas medicinales y comestibles.
Uno de sus platos estrella es el medallón de chivo con salsa de rosa mosqueta y miel, cocinado en horno de barro y acompañado de tortillas al rescoldo. Su afán de innovación también lo llevó a crear postres singulares, como el "postre de los marcianos", inspirado en los avistajes de ovnis en la zona, y el "postre azul", hecho con palo de pichi, una planta medicinal que vuelve azul el agua.
Consciente de la importancia de preservar la identidad gastronómica del norte neuquino, Moncho trabaja en un libro que recopila recetas y tradiciones culinarias de la región. Su objetivo es que esta obra tenga un enfoque pedagógico para que las nuevas generaciones conozcan y valoren su herencia culinaria.
A lo largo de su carrera, inspiró a muchos a seguir su camino en la gastronomía. Su amor por la cocina y su compromiso con la cultura lo han convertido en un referente y en un verdadero embajador del norte neuquino. Mientras sigue recorriendo el mundo, su corazón y su fuego siempre están en la Patagonia.