Panorama Político de Neuquén
El escenario

Darío Martínez y el ocaso del PJ neuquino

El peronismo en la provincia de Neuquén es una bolsa de gatos. (Dibujo: NOVA)

El Partido Justicialista (PJ) de Neuquén atraviesa el momento más oscuro de su historia reciente. Desde que Darío Martínez asumió la presidencia del espacio, el PJ se ha convertido en una estructura fantasma: sin reuniones, sin militancia y con una fuga masiva de dirigentes hacia otros espacios políticos.

Lo que alguna vez fue una fuerza política pujante hoy es un cascarón vacío, arrastrado a la irrelevancia por la inacción y las decisiones unilaterales de su principal dirigente.

En tiempos cruciales para el peronismo, que este año arriesgará tres bancas en el Congreso Nacional, la fractura interna es total. Los dirigentes que supieron sostener la estructura partidaria migraron principalmente al espacio Neuquinizate del gobernador Rolando Figueroa, dejando al PJ debilitado y sin capacidad de competencia real.

La brecha entre los sectores peronistas es insalvable y, en gran medida, se debe a la gestión de Martínez, quien puso por delante sus intereses personales sobre los del partido.

Este año se renuevan tres bancas en el Congreso en un escenario adverso para el peronismo, donde la polarización entre La Libertad Avanza (LLA) y el oficialismo provincial amenaza con dejarlo fuera de juego. A diferencia de elecciones anteriores, donde la grieta nacional le daba cierto protagonismo, hoy el partido carece de una estrategia clara y de candidatos competitivos.

Martínez, se encargó casi personalmente que no haya reuniones, que las estructuras peronistas en las localidades del interior de la provincia queden desiertas y sin actividades, mientras se esfuerza en hacer tiktoks de bajísima calidad política y mediática.

En los hechos, la estructura partidaria se encuentra paralizada. No hay reuniones de conducción, no hay movilización militante y, lo más alarmante, no hay intención de realizar internas democráticas para renovar las autoridades.

La suspensión de las elecciones internas hasta 2026 es una muestra más del vaciamiento político del partido. La militancia, que en su momento apostó por Martínez como renovación del peronismo, hoy se encuentra desilusionada y sin rumbo.

El colmo de la desidia llegó cuando, en el momento de mayor crisis para el partido, previo a las elecciones últimas elecciones generales y con la necesidad urgente de renovar la dirigencia y darle un nuevo envión al PJ, Martínez desapareció por completo de la escena política. De pronto nadie sabía dónde estaba, no atendía el teléfono ni respondía los mensajes.

Mientras el PJ buscaba un candidato a gobernador, el líder partidario optó por irse a ver el mundial de Qatar, sin avisarle a nadie y dejando a sus militantes en pampa y la vía. Lo más bochornoso fue que lo descubrieron por un móvil de un canal deportivo que lo mostró en la previa del partido contra México. Parece que muchas ganas de ser la renovación no tenía.

Este episodio marcó un quiebre definitivo. La militancia que lo había impulsado como la renovación del peronismo se sintió traicionada. La ausencia de Martínez en un momento clave demostró que su compromiso con el partido es, en realidad, una apuesta personal por su propia supervivencia política.

De hecho, su estrategia actual consiste en sostenerse en la legislatura con acuerdos y sellando pactos con Oscar Parrilli, a quien supo enfrentarse para sucederlo en la conducción del PJ neuquino.

Al verse escaso de recursos políticos, prefirió aliarse a Parrilli garantizándole un espacio en la legislatura a la hija del viejo caudillo, Lorena Parrillo y asegurando otros para su entorno más cercano.

Uno de los episodios más sintomáticos de la crisis fue la fuga de dirigentes en 2023. Tanya Bertoldi y Marcelo Zúñiga, 2 figuras de peso, abandonaron el espacio y se sumaron al gobierno de Rolando Figueroa. El propio Oscar Parrilli reconoció que el PJ sólo podría renovar dos bancas en el Congreso, ya que una de ellas estaba perdida por la salida de Bertoldi.

La descomposición del partido es tal que ni siquiera se actualizan los padrones. Con 19.793 integrantes, Neuquén es la provincia que menos afiliados tiene al Partido Justicialista en todo el país. Muchos históricos se desafiliaron, especialmente tras la salida de Carlos Quintriqueo, líder de ATE, quien decidió abandonar el barco antes de que se hundiera por completo.

Esta semana se dio uno de los giros más insólitos en la gestión de Martínez: su alineamiento con Javier Milei en el apoyo al levantamiento de la barrera sanitaria para la Patagonia. Este descalabro ideológico lo puso en la vereda opuesta a los intereses de los productores neuquinos, privilegiando una decisión que beneficia a la Casa Rosada, furiosos enemigos del kirchnerismo.

El inexplicable giro no hace más que evidenciar la incoherencia política de un dirigente que se vendió como el renovador del peronismo local y hoy termina respaldando medidas que van en contra del legado que dice defender.

El futuro oscuro para el PJ neuquino

Con un partido desmembrado, sin liderazgo real y sin perspectivas de recuperación, el futuro del PJ Neuquino es más incierto que nunca. Mientras Martínez sigue operando desde las sombras para asegurarse un lugar en la legislatura, la estructura partidaria se sigue desmoronando.

El justicialismo, que alguna vez fue un actor clave en la provincia, hoy se ha convertido en una fuerza marginal. Y la responsabilidad de este ocaso recae directamente sobre Darío Martínez, el hombre que prometió renovar el peronismo pero que terminó condenando a la irrelevancia.

Lectores: 165

Envianos tu comentario

Nombre:
Correo electrónico :
Comentario: